Archivo de la categoría: Archimandritha Sophrony

La dificultad de orar sin esfuerzo

orandoSan Juan Clímaco dice en alguna parte que podemos familiarizarnos con cualquier ciencia, arte o profesión hasta tal punto de llevarla a la práctica sin especial esfuerzo. Pero orar sin esfuerzo no ha sido concedido a nadie; sobre todo, la oración sin distracción realizada por el intelecto en el corazón. El hombre que experimenta una fuerte atracción por esta oración puede sentir un deseo difícilmente realizable: huir de cualquier lugar, ocultarse de todos, esconderse en las profundidades de la tierra en donde ni en pleno día penetre la luz del sol, en donde se abandone toda preocupación de lo que es pasajero. Esto es comprensible pues es natural ocultar la vida íntima a las miradas ajenas; y esta oración pone al desnudo la entraña misma de nuestra alma, que no soporta ser tocada más que por la mano de su Creador.

Archimandrita Sophrony
Del libro “La oración – experiencia de la eternidad”

artdetat.com

“En mi impotencia reconozco lo que Dios quiere de mí,
lo que él puede hacer de mí cuando me llena de su gracia”
Anselm Grün

La dificultad de orar sin esfuerzo

orar_sin_esfuerzoSan Juan Clímaco dice en alguna parte que podemos familiarizarnos con cualquier ciencia, arte o profesión hasta tal punto de llevarla a la práctica sin especial esfuerzo. Pero orar sin esfuerzo no ha sido concedido a nadie; sobre todo, la oración sin distracción realizada por el intelecto en el corazón. El hombre que experimenta una fuerte atracción por esta oración puede sentir un deseo difícilmente realizable: huir de cualquier lugar, ocultarse de todos, esconderse en las profundidades de la tierra en donde ni en pleno día penetre la luz del sol, en donde se abandone toda preocupación de lo que es pasajero. Esto es comprensible pues es natural ocultar la vida íntima a las miradas ajenas; y esta oración pone al desnudo la entraña misma de nuestra alma, que no soporta ser tocada más que por la mano de su Creador.

Archimandrita Sophrony
Del libro “La oración – experiencia de la eternidad”

www.artdetat.com

“En mi impotencia reconozco lo que Dios quiere de mí,
lo que él puede hacer de mí cuando me llena de su gracia”
Anselm Grün

Los dos tipos de desesperación

desesperaciónDesde mi experiencia puedo afirmar que hay dos tipos de desesperación: una es puramente negativa, mata el espíritu y después el cuerpo; la otra es una bendición y no me canso de hablar sobre ella. Gracias a esta última tuvo lugar mi renacimiento en la Luz. No me resulta nada fácil expresar ante los hombres lo que el Altísimo derramó sobre mí. Nunca he podido comprender por qué esto me aconteció a mí, siendo como soy. En primer lugar, la luz, invisible para mí, me mostró mi infierno interior, después el mundo creado en su totalidad, sumido en una existencia pasajera y sometido a la muerte. Durante mucho tiempo conservé está estremecedora visión. Estaba abrumado ante el absurdo de este mundo lleno de sufrimientos, que aplastan cualquier vida nada más nacer. Por extraño que parezca, una nueva vida latía en mí. La oración inundaba mi corazón con una corriente ininterrumpida que arrastraba mi intelecto, a menudo con una fuerza cada vez mayor; a veces, con tal potencia que arrancaba mi espíritu y lo lanzaba al infinito, a otro espacio distinto del que estamos habituados a percibir. Yo estaba reducido a la nada y, al mismo tiempo, transportado hacia la inestimable experiencia de una visión más amplia del mundo, e incluso de una cierta anticipación del gusto a la eternidad.

Archimandrita Sophrony
Del libro ”La oración – Experiencia de la eternidad”

www.artdetat.com

“En la raíz de todo progreso espiritual
está el sentimiento abrumador de nuestra “pobreza””
Archimandrita Sophrony

Nuestra enemiga la mortalidad

Monjes_católicosDios no violenta nuestra libertad. Él no irrumpe en el interior de nuestro corazón si nosotros no le permitimos entrar. “Mira que estoy a tu puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa” (Ap 3, 20). Y cuando más generosamente se la abramos tanto más abundante será la Luz increada que inundará nuestro interior.
El amor que nosotros sentimos por Dios y la experiencia de su amor hacia nosotros modifican radicalmente tanto nuestra personalidad como nuestra manera de pensar. Cualquier odio entre las personas –entre hermanos, en realidad- nos parece una terrible locura. En todos nosotros no hay más que un enemigo: nuestra mortalidad. Si el hombre es mortal, si los hombres no resucitan, toda la historia del mundo no es más que sufrimiento absurdo de la criatura. Incluso el amor entrelaza aquí abajo con la muerte: amar significa morir. Y el espíritu ansía pasar a aquella esfera luminosa donde nada sirve de obstáculo para el amor insaciable; en donde la insaciabilidad no es otra cosa que el dinamismo supremo de la vida, “la abundancia de la vida” dada por Cristo (cf. Jn 10, 10).

Archimandrita Sophrony
Del libro “La oración – experiencia de la eternidad”

www.artdetat.com

“La humildad es la condición para
dejar a Dios ser Dios”
Anselm Grün

Nuestra enemiga la mortalidad

a. PuertaDios no violenta nuestra libertad. Él no irrumpe en el interior de nuestro corazón si nosotros no le permitimos entrar. “Mira que estoy a tu puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa” (Ap 3, 20). Y cuando más generosamente se la abramos tanto más abundante será la Luz increada que inundará nuestro interior.
El amor que nosotros sentimos por Dios y la experiencia de su amor hacia nosotros modifican radicalmente tanto nuestra personalidad como nuestra manera de pensar. Cualquier odio entre las personas –entre hermanos, en realidad- nos parece una terrible locura. En todos nosotros no hay más que un enemigo: nuestra mortalidad. Si el hombre es mortal, si los hombres no resucitan, toda la historia del mundo no es más que sufrimiento absurdo de la criatura. Incluso el amor entrelaza aquí abajo con la muerte: amar significa morir. Y el espíritu ansía pasar a aquella esfera luminosa donde nada sirve de obstáculo para el amor insaciable; en donde la insaciabilidad no es otra cosa que el dinamismo supremo de la vida, “la abundancia de la vida” dada por Cristo (cf. Jn 10, 10).

Archimandrita Sophrony
Del libro “La oración – experiencia de la eternidad”

www.artdetat.com

“La humildad es la condición para
dejar a Dios ser Dios”
Anselm Grün

Las dos luces

“A veces la Luz divina es contemplada de tal modo que el hombre no percibe nada físico. Durante la oración, el espíritu entra en al esfera de la Luz intelectual y, junto a la pérdida de la percepción de lo que le rodea, pierde también la de su propio cuerpo. El espíritu es colmado en esta visión de tal dulzura que no puede darse cuenta de lo que sucede. No podrá decir después si fue en su cuerpo o fuera de él.
Con más frecuencia, la percepción sensorial normal del entorno material se conserva. En ese caso el hombre puede permanecer con los ojos abiertos y ver simultáneamente dos luces: la física y la divina. A este fenómeno se refieren los Padres cuando dicen ver la Luz increada con los ojos naturales. Sí, se perciben dos luces, pero no del mismo modo. La Luz increada, pro su naturaleza propia, es distinta; su visión no es semejante a la visión física. La luz física produce cierta alteración del nervio óptico y se sigue después el proceso psicofisiológico de la visión, que no produce en nosotros un influjo espiritual. Sucede algo distinto con la Luz divina: su llegada está asociada a un estado de gracia particular, que se siente en el corazón, en la inteligencia e incluso en el cuerpo. Invisible en su propia índole, se torna inexplicablemente visible. Este fenómeno, sin embargo, es menos frecuente que los eventuales estados espirituales intensos de gracia, no acompañados de la visión de la Luz”

Archimandritha Sophrony
Del libro “Ver a Dios como Él es”
2

“La verdad se revela a sí misma en un corazón sincero
como el despliegue guiado de la esencia de uno mismo”
A.H.Almaas