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Después de la meditación

Monjes budistasAquella estación del retiro, el grupo del Buda permanecía en unas colinas próximas a la ciudad de Ekamala, al sur de Rajagaha. Una tarde, los monjes pasaban cerca de unos campos de arroz, a las afueras de Ekamala, cuando un rico granjero de noble casta, llamado Bharadvaja y propietario de varios de miles de acres, les paró. Era la estación en la que araban lasa tierras. Bharadvaja dirigía el trabajo de cientos de peones, cuando vio pasar al Buda. El rico granjero se le puso delante y dijo con cierto desdén, “somos agricultores. Aramos, sembramos la simiente, fertilizamos y cuidamos el cultivo. Después, recogemos la cosecha para poder comer. Vosotros sin embargo, no hacéis nada, no producís nada y, a pesar de ello, coméis. Sois unos inútiles. No aráis ni sembráis ni fertilizáis ni cuidáis el cultivo ni recogéis la cosecha”.
El Buda respondió: “Sí que lo hacemos. Nosotros aramos, sembramos, fertilizamos, cuidamos de los campos y cosechamos”.
“Entonces, ¿dónde están vuestros arados, dónde vuestros búfalos y vuestras semillas?¿Qué es lo que cosecháis?”.
El Buda respondió: “Sembramos las semillas de la fe en la tierra de un corazón sincero. Nuestro arado es la atención, nuestro búfalo la práctica diligente y nuestra cosecha el amor y la comprensión. Señor, sin fe, sin comprensión y sin amor, la vida no sería más que sufrimiento.

Thich Nhat Hanh
Del libro “Camino viejo, nubes blancas”

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“Vive en el mundo per sin ser del mundo.
Haz todo tu trabajo, pero hazlo con una mente desapegada.
“Las manos en la tarea y la mente en el Señor”
Gran Maestro

El apuesto difamado

la sombra del diablo“Cuentan que una vez se encontraba un joven atractivo, guapo, alto, inteligente y culto paseando por las calles de Bagdad, cuando se cruzó con un hombre Santo.
Un sabio de la ciudad de Shiraz que al verlo se acercó a él y le preguntó:
“Dime, quien eres, con ese porte debes pertenecer a una buena familia”
“Soy el diablo”, le contestó el apuesto chico.
“¡No es posible!, respondió el hombre sabio, el diablo es feo, y malvado, no tiene la mirada interesante ni los modales refinados, además es hortera y huele a azufre”.
“Ay! Amigo mío, dijo sonriendo el joven, ya veo que has estado escuchando a mis difamadores”

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“Deja las cosas en Sus manos.
Deja que sucedan como Él quiere y no como tu deseas.
Asimila este elemental principio y siempre estarás alegre y satisfecho”
Huzur Maharaj